martes, 2 de noviembre de 2010

Llegó la vuelta: Las Julietas de nuevo en el Circular.

Y volvemos a volver. Después de las presentaciones en las ciudades de San José de Río Preto (Brasil), Goya, Corrientes, Resistencia, Eldorado, Posadas y Buenos Aires (Argentina), seguimos en Montevideo. A partir del 6 de noviembre de 2010, sala 1 del Teatro Circular, 23:30hs. Nos vemos ahí.

viernes, 15 de octubre de 2010

Estreno en Buenos Aires. Las Julietas en Teatro Timbre 4.

El viernes 22 de octubre a las 21hs, y el sábado 23 de octubre a las 20hs y 22hs, LAS JULIETAS se presenta en el Ciclo de Teatro Uruguayo organizado por el Teatro Timbre 4 de Buenos Aires y el Teatro Solís de Montevideo.

jueves, 14 de octubre de 2010

Luego de Brasil, Argentina (setiembre, 2010)


Las Julietas en el Festival Internacional El país en el país organizado por el INT (Instituto Nacional del Teatro) conmemorando los 200 años de la independencia argentina. Recorrimos Goya, Corrientes, Resistencia, Eldorado y Posadas (setiembre, 2010).

miércoles, 13 de octubre de 2010

Entre el fútbol y Shakespeare, por Juan José Santillán (Diario Clarín, Buenos Aires)

Marianella Morena, una de las dramaturgas principales de la escena montevideana, habla de “Las julietas”, libre adaptación de “Romeo y Julieta”.
Timbre 4, el espacio de Claudio Tolcachir, programó para este mes un ciclo de obras uruguayas en coproducción con el teatro Solís de Montevideo. Son tres propuestas que han cosechado prestigio no sólo en su medio local, sino en varios festivales iberoamericanos. Ya se presentó Gatomaquia , una adaptación de Héctor Manuel Vidal del clásico de Lope de Vega; este fin de semana habrá una adaptación de Los padres terribles , de Cocteau, por Alberto Zimberg. Y Marianella Morena, una de las dramaturgas y directoras fundamentales de la escena montevideana, cerrará el ciclo con Las julietas . Un espectáculo que toma el imaginario de Romeo y Julieta, de Shakespeare, para dislocarlo y abordar cuestiones ligadas a la identidad uruguaya.
Morena, actualmente en Berlín, cuenta que “ya me había aproximado a otros autores clásicos como Molière y Florencio Sánchez. Y Romeo y Julieta merodeaba desde hace tiempo en mi cabeza. En paralelo crecía un trabajo reflexivo sobre nuestra forma de hacer y responder en la escena. La identidad como lugar de existencia, política, económica y cultural. En Uruguay crecimos deseando ser habitados por otros textos -continúa la directora-. Y me gustó la idea de provocar un encuentro entre un gran macho del teatro como es Shakespeare y los clásicos nuestros que son más primitivos y poseen una decadencia encantadora. ” La obra fue gestada durante un verano previo al Mundial de fútbol. Y uno de los pilares de Las julietas es la fricción entre mitos. Por un lado, Shakespeare, y por otro, el mito de los uruguayos campeones de fútbol. De allí, que el espectáculo esté protagonizado por cuatro actores que atraviesan fragmentos de la obra y recalan en algunas zonas temáticas que la directora tomó como ejes de la puesta: “La discriminación, la intolerancia y la incapacidad generacional de conectarse con los jóvenes -explica-. Pero también me gusta hacerlo irónicamente, porque tomo postura sobre qué es hacer teatro hoy”.
“La obra se explica a sí misma, no hay un relato lineal -agrega-. A los actores se planteó un cruce entre la ficción y lo real. Ellos son voyeurs de las escenas, no hay personajes en el sentido convencional del término. Pero como no había una historia, tampoco escenografía y cambios de vestuario, me preocupé en que el texto elaborara saltos de imagen a través de la palabra y no por la preocupación de crear escenas, sino en la variación de textura, pasando de lo sucio, vulgar y ordinario a lo poético”.
Las julietas integró este año el Circuito de Festivales Internacionales del Instituto Nacional del Teatro. Luego de las funciones en Timbre 4, Marianella volverá a la Argentina para presentar el unipersonal Trinidad ladrón de Guevara , con la actriz Cecilia Cósero. “Esta basado en la gran actriz uruguaya y queremos hacer funciones tanto en Buenos Aires como en Montevideo -dice Morena-. Trabajé sobre la multiplicidad de palabras que cambian al igual que los estados de la vida y el teatro.”

Fuente: Diario Clarín, Buenos Aires (12/10/10)

viernes, 20 de agosto de 2010

domingo, 15 de agosto de 2010

Festival Internacional de San José de Río Preto, San Pablo (Brasil, julio 2010)

Repercusiones. Actores de la red O Globo hablan de Las Julietas. ¡Uruguayos campeones de América y del Mundo! (O cuartos en Sudáfrica, que después de tantos años es más o menos lo mismo...).






















sábado, 14 de agosto de 2010

Entrevista a Marianella Morena para el FIT de San José de Río Preto (San Pablo, Brasil)

¿Cuál es el concepto de la obra?

El diálogo. La convivencia del pasado con el presente, que los gigantes antiguos no aplasten lo nuevo, el encuentro estético-artístico entre geografías, generaciones, y tiempos, algo que sólo el arte permite: alterar lo vivo y lo muerto, desarticular¿qué está vivo y qué está muerto? Invertir los conceptos, reflexionar sobre el presente y como el presente es el teatro. La responsabilidad de un creador teatral es tener sintonía con su tiempo, su gente, su realidad.

El diálogo es histórico, es político y es la única forma de conciliar pasado y presente, de generar un encuentro potente, conciliador, multiplicador de miradas y con apertura de espacios internos y externos.

Que la realidad sea parte de la creación, que lo real ingrese en los ensayos, que nada de lo que nos sucede sea ajeno en los encuentros de creación.

Integrar, ingresar, ser permeables, vulnerables para resistir y no dejarnos distraer por los ruidos ajenos. Trabajar desde quienes somos en este hoy que nos determina con sus urgencias, sus sensibilidades nuestra forma de percibir y elaborar los estímulos, los materiales artísticos, domésticos y personales. Que las fuentes de influencia y los disparadores no estén concentrados únicamente en los paquetes de teoría teatral y referentes teatrales , estéticos, artísticos, que lo propio, la experiencia mínima y el ser cotidiano en lo creativo deje su huella, que la edición no recorte el encuentro vivo de las personas sino que lo incluya. Esto genera y dispara una nueva concepción sobre lo estilístico y las formas puras. Lo homogéneo hace rato desapareció y nos interesa incluir en el paisaje de la creación escénica recursos austeros en la escena.Pero no descartar el paisaje de múltiples planos en el lenguaje, y en los vínculos que desata el lenguaje vivo, presente, en la convivencia y en la dimensión que establece un lenguaje vivo. Esto se traduce en: concentración en el texto y en los actores.

El actor como parte de la dramaturgia y el concepto, no representa, ES.

¿Cuál es la búsqueda y la motivación del grupo?

El ser y no representar. El estar y no llegar. El vínculo real, y multiplicador de vínculos con el otro , ya sea : actor, director, público.

Tomar fuentes escritas organizadas y mezclarlas con otro tipo de texturas: diálogos cotidianos ocasionales, conversaciones, reflexiones sobre el arte y el teatro, fuentes periodísticas, imágenes plásticas, testimoniales, músicas, otras obras. Cruce de miradas y traducción de materiales con un solo objetivo: la escena.

La escena como emergente de lo que tenemos y no como meta de un supuesto ideal que planeamos a solas. La escena como vínculo y conflicto desde los que estamos, los que se van y los que ingresan, eso establece e impone la dinámica de lo real y lo que es y no lo que se pretende o pretendía en sus comienzos y que va cambiando.

Por ej: actor que se va, que renuncia, dinero que no hay. Las dificultades se incluyen como parte de lo real que nos interesa incluir y no recortar.

Las dificultades dependen del punto de vista, la intención es capitalizarlas a favor y no angustiarse porque eso deriva en el bloqueo. Nos importa el diálogo con nuestra identidad personal, colectiva, y con el yo íntimo.

Tener un contacto fluido, y no rígido con los resortes emocionales, sociales, estéticos, porque la reacción es la base de la escena. Una reflexión en construcción sobre la opinión en cada proyecto. Que lo artificial deje de ser el motor y el lugar a donde llegar. Que lo único que nos sostiene es la VOZ de cada uno, esa es la única posibilidad de existencia en la creación, encontrar la voz, dar la voz, potenciar, respaldar y fortalecerla.

Representar buenos textos con buenos actores, es una línea universal que globaliza las artes escénicas y que elimina la personalidad del teatro con sus creadores en cada contexto. Quita huella e identidad. Es la vieja concepción de la colonia. Apostamos a un teatro que corte el cordón umbilical con Europa, que pueda quitarse la colonia de la cabeza, y que empiece a equivocarse sin culpa, sin miedo, porque no hay otra forma de hacer camino.

Que la persona esté antes que el personaje y que el personaje no sea una meta. Trabajar desde quienes somos en toda su dimensión, donde estamos, que hacemos, y cuanto dinero tenemos en el bolsillo. Que el compromiso no instale la trascendencia, que lo importante no elimine la alegría, el juego, el erotismo, la entrega. Eliminar la solemnidad como espacio de jerarquía que solo instala lo rígido, lo muerto. Que la escena esté viva y para eso todos debemos estar vivos en cada instante. Vivos, quiere decir: en estado de alerta, con capacidad de reacción frente a lo que sucede, lo inesperado, lo cotidiano, el texto, las situaciones, que todo forme parte del material de trabajo. El material debe tener proveniencia propia, debe ser elaborado con nuestras necesidades.

¿En que ve usted que la obra conquista la singularidad y empuja al teatro contemporáneo a nuevos caminos?

La intertextualidad, las líneas y la multiplicación del relato, lo metateatral, lo postdramático, se explica a sí mismo, no mantiene una estructura clásica, se abre permanentemente a otras cláusulas, como pastillitas que sobreviven entre lo real y la ficción, pero todo en una imagen muy realista. Es decir: lo que vemos es a cuatro hombres sentados conversando como si estuvieran en un bar, una plaza, una espera, suplentes de algo, la actitud, la expresividad y la gestualidad es hiper realista, pero las dimensiones del diálogo tienen saltos de lo real, lo surreal, lo documental, y la ficción pura en mezclas de estilo, pero manteniendo el pulso vivo en la conversación.
La fragmentación es inevitable porque no se elige, ella determina la forma de existencia.

¿De qué habla la obra?

De una obra que habla de otra en un mismo tiempo.Cuatro actores jóvenes, suplentes, en espera, quieren ensayar, pero no tienen a nadie, recuerdan a otros actores que fueron jóvenes que hicieron fragmentos criollos de Romeo y Julieta y recorrieron el interior del país. Nadie los recuerda, como todo en el Uruguay. Habla de nuestros estereotipos masculinos, de la identidad masculina, pero también de la exposición de cada uno, de cómo se encuentran en las diferencias, de las fantasías exhibidas, de la miseria entrañable. Son jóvenes pero a veces se confunden en medio de esa actitud de espera porque venga. ¿Quién el director, el dinero, un mejor trabajo, una mujer, la obra de sus vidas, un mejor país, un reconocimiento afuera? Ellos esperan y mientras tanto conversan de cosas que pasan de lo metafórico a lo realista, surrealista, del absurdo a lo más torpe y cotidiano, de las fantasías de amor a textos propios de Romeo y Julieta, donde recuerdan representándolo desde ellos mismos, desde el banco de suplentes.

¿Cuáles son las influencias principales en esta investigación?

Romeo y Julieta, Shakespeare. Estereotipos masculinos uruguayos, el mundial de 1950, ―uruguayos campeones‖ como estigma social y cultural de un país, Cindy Shermann por la investigación que ella hace del personaje desde el autorretrato: el YO como espacio de construcción. Monty Phyton como desacralizadores de lo clásico, en la convivencia de lo trágico con el humor. Materiales testimoniales de 1950, imágenes, textos, modalidades de la época. El circo criollo, el varieté, el cabarét, los modelos de ensayo de las primeras compañías criollas, y nuestros propios comentarios sobre el hacer teatro, la comunidad y sus reglas, las leyes y la ironía, la sensualidad de la escena, y el encuentro como espacio erótico. Mi casa, y las intervenciones familiares cotidianas que vivíamos en los ensayos. Los sucesos personales que se vivieron durante el proceso. Todo fue traducido hacia ´Las Julietas, ellas esperaban ansiosas alimentos de distinta índole y proteínas.

¿Cómo se relacionan Romeo y Julieta con Uruguay y con la humanidad en este hoy?

El núcleo mantiene su vigencia. Yo soy una espectadora de las telenovelas brasileñas, me gustan mucho, y he encontrado en algunas de ellas grandes similitudes con Shakespeare, me refiero a : el tironeo de los personajes de forma constante, los vínculos, pero sobre todo, la dimensión humana, ese gigante donde entra todo: lo trágico, la comedia, el drama, lo sucio, lo limpio, la miseria la grandeza. Y he podido ver como Shakespeare alimenta. Ese es mi punto de contacto y de interés. Creo que los grandes tienen que cumplir esa misión: seguir aportando alimentación a la humanidad.

La humanidad no puede ser tan tonta y considerar que la fidelidad es repetir palabra por palabra. Lo que ha evolucionado de Shakespeare al hoy es la multiplicidad de estímulos que recibimos y la producción de obra y discurso que ha sucedido. Esto induce y modifica la sensibilidad estética –ética y la forma de relacionarse desde lo subjetivo hacia las otras subjetividades que nunca son objetivas, por lo tanto, algo que ha cambiado es instalación de lo fragmentado como vínculo en todas las relaciones humanas. La fragmentación no es una elección o una decisión, existe per se. Querramos o no, ella es la que determina los nuevos modelos de relacionamiento y de producción.
¿Cuál es la importancia del mito? ¿Piensa que lo contemporáneo tiene mucha relación con ello con respecto a la etapa clásica o más antigua?

El mito es importante en si mismo, que sea sostenido en el tiempo y que pueda atravesar y sobrevivir todo. Pero siempre , el que creador vivo es el que tiene la obligación de resolver y entender, (para eso tiene que estudiar y aplicar su estrategia)como se instala el Mito en cada presente y en cada contexto. La obligación y la responsabilidad de los artistas es que el pasado sobreviva pero no destruya el presente, sino permita dar luz sobre los que no han nacido. Esa es mi opinión. Destruir o ignorar a los que nos anteceden es inoperante, y tarde o temprano el pasado vuelve, porque es memoria, porque está adentro del presente. Creo que lo más difícil es pensar y reflexionar sobre cómo hacemos para que estos dos (pasado y presente) se apoyen mutuamente.

Su grupo es considerando uno de los mas experimentales en Uruguay. ¿Es esto cierto? Cuénteme sobre la trayectoria del grupo.

La experimentación es la base de cualquier artista. Algunos tienen conciencia de que es así y otros no, algunos creen en sí mismos y otros apelan constantemente a la mirada y el criterio ajeno como faro en sus proyectos. Prefiero siempre pararme en la duda, ese territorio gigante, fascinante que te permite estar en vigilia, mitad sueño y mitad desasosiego, porque es el único lugar del aprendizaje. Yo armo mis cosas para saber quien soy y qué quiero saber. En el momento en que uno conoce una respuesta, las preguntas se multiplican. No hay respuestas, uno necesita aprender, y para eso deber hacer y cuando uno hace aprende y se equivoca, por lo tanto necesita volver a hacer como fuente de conocimiento interno y del otro. No hay otra realidad posible más que el error y la dimensión del error. El grupo nace con este trabajo y se ha ido consolidando a través de las funciones, los proyectos y el deseo de compartir con otros nuestra experiencia. A partir de entrevistas y de convocatorias que hemos tenido con varios grupos de formación tanto de actores como de docentes para primaria, estudiantes de bachillerato artístico, hemos resuelto trasladar esas inquietudes en un proyecto taller de intercambio y donde la metodología de Las Julietas pueda apreciarse y comprenderse mejor.

El punto son las escenas como material disparador-material dramático, situación previa para improvisaciones de los talleristas.

viernes, 13 de agosto de 2010

Nuestros shakespeares, por Georgina Torello (Dossier Crítico)

Sin necesidad de aniversarios que promuevan revivals ornamentales, el isabelino pasa por uno de sus mejores momentos: lo intervinieron Marianella Morena (Las Julietas) y María Dodera (Los Macbeth’s) –por su parte la Comedia Nacional se empeñó, para el final de temporada, con otro Macbeth dirigido por Mario Ferreira. Con poéticas desemejantes que además varían para cada espectáculo, Morena y Dodera declinan también esta vez, de manera diferente y en cierta forma antitética, sus apropiaciones de Shakespeare. Es decir, usan al “clásico” cuando es necesario, pero lo abandonan sin empacho ni culpa, saliendo de una lógica de respeto/no respeto que tanto afectó y afecta a nuestros países, y a toda su producción simbólica, desde la colonia hasta hoy.

Con una posición desenvueltamente postcolonial que Edward Said adoraría Las Julietas, de Morena, aunque multiplique el nombre de su personaje más enamorado e infausto al mismo tiempo (equiparable sólo a la Francesca de Dante) no reserva para Shakespeare la primera fila. El espectáculo funciona sólo en la medida en que el público entiende que el centro de interés, el objeto del discurso, no pasa por el uso del británico, ni siquiera por el acto parricida o por una decidida superación de la angustia de su influencia: desde el primer parlamento hasta el último los actores, Alejandro Gayvoronsky, Leonardo Pintos, Claudio Quijano y Santiago Sanguinetti, nos ofrecen un espejo, más o menos grotesco (tanto como seamos capaz de verlo/nos) del Uruguay de los últimos sesenta años. La operación no es nueva en la directora: como sedujo y abandonó a Molière cuando ya no lo necesitaba para escribir desde un lugar propio (Don Juan, el lugar del beso, 2005) y a Florencio Sánchez para darnos una versión aggiornata de sus restos (Los últimos Sánchez, 2006) lo mismo hace ahora con Shakespeare.

A través de cuatro actores en escena que sugieren algunos “tipos” autóctonos, pero son lo suficientemente elásticos para encarnar otros héroes, Las julietas mapea nuestra identidad (anclada en ese “soy celeste” o en “uruguayos campeones”) para descomponerla y arreglarla/rearmarla luego con una mirada extrañada. El espectáculo de Morena no acompaña de la mano al espectador “irritado” (como lo llamó Pirandello en Cada cual a su manera, 1924) y yo agregaría al espectador perezoso, en su recorrido por la nueva cartografía: hay que transitar solo por los parlamentos fragmentados, por los sentidos fragmentarios, atar los cabos que deja sueltos, tener ganas de ese fill in the blanks obligado para disfrutar el viaje. Pero una vez que se entra en el juego el blandengue y el italiano, el “bruto actor” y el don Juan crean algunos espacios del mejor humor (y las más fuertes risas del público) que se veía en mucho tiempo. El fragmento no corta la comunicación ni la gracia: la prolonga (...)

Fuente: Dossier crítico (julio, agosto 2010)

lunes, 10 de mayo de 2010

Pelota al centro Julietas, por Bernadette Laitano (Sábado Show)

Cumplen un año en cartel y dividen las opiniones en múltiples bandos. Aseguran que el espectáculo no es el mismo desde su estreno y no dudan al confirmar que hay espectadores que los esperan para felicitarlos, pero también los hay que se marchan a mitad de la obra mientras rechazan la idea de que "eso" sea teatro. Los colegas les agradecen y la crítica especializada no coincide en su "veredicto" final. Las Julietas, la última creación de Marianella Morena, se prestó al juego teatral.

"Te lo cuento así porque fue de una manera accidental y azarosa. Me encontré con cuatro actores jóvenes que tenían ganas de hacer algo, de hacer un proyecto teatral. No teníamos más que el deseo de trabajar y planteé hacer una especie de duelo de dos íconos, un ícono gigante del teatro universal como es Shakespeare y un ícono de nuestra identidad, nuestra nacionalidad, como es el fútbol y el Maracaná de los `50. Al principio podía generar un gran desconcierto y creo que esa fue la génesis del espectáculo", señala la directora, quien reconoce la incertidumbre a la que podría estar invitando no sólo a los actores sino, también, al público. Es que en Las Julietas dialogan, como adelantara Morena, una de las obras emblema del autor inglés -Romeo y Julieta- con lo que representa el Maracaná para la identidad nacional. ¿Qué tienen en común? Una gloria pasada que, quizá, opaque a lo que respira e identifica al presente.

Sobre la génesis de la obra, Morena resume: "Si bien no había una escritura previa, yo les planteaba cosas como `Tomen esta escena de Shakespeare y cambien el punto de vista`. Nunca les planteé `Sigan al personaje, interpreten, representen`, creo que eso también genera una cierta comodidad y libertad porque no tenés el apuro de construir, de llegar al personaje como una meta. Por supuesto que está la voluntad y la confianza de entregarse a ese proyecto que no tenía ni pies ni cabeza: no había un lugar a donde llegar, no había una escritura, no había un reparto, no había nada, desde el punto de vista más convencional, de cómo se gesta un proyecto dramático".

La obra se introduce entre lo más interesante que ofrece la cartelera teatral porque reúne a una dramaturga que hoy es referente en la escena local contemporánea, a cuatro actores que dan bocanadas de aire fresco desde el escenario -integran la generación del futuro más cercono- y una metodología de trabajo que reafirma el discurso que se imparte desde el escenario.

"Tenemos esto, somos estos actores, vivimos en Uruguay en este tiempo y queremos reflexionar y pensar sobre determinadas cosas que nos atraviesan, como nos sigue atravesando Shakespeare, como nos atraviesa el fútbol y el peso que tenemos por el Maracanazo, y como nos atraviesan todos los comentarios que puede haber sobre qué es hacer teatro, cómo se hace teatro, desde la interna, desde nuestra formación, desde los comentarios con los colegas o los comentarios de un espectador o un crítico".

También lo explica Leonardo Pintos, uno de los actores: "Ahora tenés una nueva corriente de dramaturgos y directores, ¿en qué lugar entra el actor ahí? O seguimos con el rol pasivo en el cual cada uno está en su casa esperando que lo llamen o elegimos un camino en el cual uno puede gestar su proyecto y opinar. A mí eso es lo que me parece interesante y por eso elijo hacer teatro, y por eso a la hora de involucrarme en un proyecto son las premisas de las cuales parto (N.R. su anterior trabajo fue en Mi muñequita). Estamos actuando pero, a su vez, estamos dejando una opinión política, social y creativa, y la estamos armando con la directora que escribe y toma eso. El diálogo que hubo fue fantástico, no era `parate ahí, entrá por acá, este es tu parlamento y ahí está la puerta, entrá por la derecha`, o sea, uno participaba del juego y Marianella dio una libertad creativa absoluta".

Morena agrega: "A veces, ellos son los que dominan la cancha y llega un momento en que decís `Ta, ahora soy yo la que voy a ordenar`. Eso creo que es teatro contemporáneo, escuchar al otro, dar participación y en un momento cada cual va a hacer su rol, nadie le va a quitar el rol a nadie".
La génesis en ningún momento provocó angustia creativa, por el contrario: "Estábamos trabajando pero, además, nos estábamos divirtiendo. A veces se entiende que vamos a ensayar y tenemos que hacer silencio, concentrarnos, respirar azul, tirarnos en el piso. Nosotros entrábamos por otro lado. Estábamos ensayando y era inevitable que sonara el teléfono, que se rompiera un caño, que te pasara la gata, que le cayera un recibo a Marianella, a Claudio lo llamaba la mamá y eso también lo incorporamos como parte del proceso creativo. Había un interés por trabajar con el ser creativo, pero también por trabajar con el ser cotidiano", señala Pintos.

Las Julietas va los sábados a la medianoche en el Teatro Circular. Ese dato podría inducir a afirmar que el público que convoca es mayoritariamente joven, sin embargo, aclaran que esa es una verdad a medias porque en los espectadores hay heterogeneidad ("Ves gente que se para y se va, adulta y joven"). Lo que sí se puede afirmar es que se trata de un espectáculo al que se acercan los jóvenes, en comparación al resto de la oferta teatral que puede no seducirlos en totalidad.

"Más allá del resultado final, hay una toma de postura y de decisión. Yo quiero reírme de quienes somos y quiero hablar de quiénes somos. Me parece que es tu lugar como creador, ¿si no, por qué sos creador? ¿Por qué se considera más importante hacer un Shakespeare perfecto, que alguien que habla de su tiempo? No estoy desconociendo lo otro, no es eliminar lo otro, es incorporar esto, lo nuevo, que es empezar a vernos en nuestros lugares comunes".

Fuente: Sábado Show, Diario El País (10/4/10)

lunes, 29 de marzo de 2010

Nuevo día, nuevo horario, nuevo teatro...



A partir del sábado 3 de abril, todos los sábados a las 24hs LAS JULIETAS en el Teatro Circular de Montevideo. Trasnoches shakespereanas... o algo así. Para agendar: sábados, 24hs, El Circular.

martes, 12 de enero de 2010

SE ABRE LA SEGUNDA TEMPORADA DE LAS JULIETAS

REESTRENO: JUEVES 14 DE ENERO DE 2010.

21HS, TEATRO EL GALPÓN (SALA CERO).

(A pedido de la asociación de sopladores de bolsitas para embutidos...)

lunes, 11 de enero de 2010

Balance de la temporada teatral 2009. Por Georgina Torello (La Diaria)

La patria en escena

Uno de los rasgos más curiosos de la temporada fue la presencia masiva de Shakespeare. El público anglófilo tuvo oportunidad de saborearlo en varias salsas: la exquisita reescritura de Marianella Morena "Las Julietas" (el zafiro del año, si no su diamante)...
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Fuente: La Diaria, 7 de enero de 2010.

domingo, 10 de enero de 2010

Entrevista a Marianella Morena. Ética y subversión (Caras y Caretas)

Don Juan, Los últimos Sánchez, Resiliencia y Las Julietas, obras dirigidas por Marianella Morena, están entre los espectáculos más impactantes de la década. Es una de las artistas más removedoras de la escena montevideana, junto a Gabriel Calderón, María Dodera y Roberto Suárez.

B.L.
Directores de escena como Mariana Percovich, María Dodera, Roberto Suárez y Alberto Rivero marcaron a fuego el teatro uruguayo en la década pasada. Trajeron una necesaria renovación, montaron sus espectáculos en espacios no convencionales, provocaron con una estética estridente, estrenaron textos de una necesaria nueva dramaturgia -en primer caso argentina, presentando nombres como Spregelburd y Tantanian- y de europeos contemporáneos como Koltés, Müller y Tabori. Esa fermental generación hizo escuela en esta década, en la que surgieron grandes artistas como Gabriel Calderón, Marianella Morena y Santiago Sanguinetti, pero estos nuevos directores probaron también con dramaturgias propias o bien cercanas. Aunque de una generación intermedia, el ejemplo de Morena es el de una personalidad teatral muy potente, que si bien debutó como directora en esta década con la impactante Don Juan está a mitad de camino entre una nueva sensibilidad -más lanzada y provocativa- y su evidente cercanía con la generación de la posdictadura. Más allá de las palabras y los conceptos, lo importante es también la obra, que en el caso de Morena incluye una relectura nihilista de Sánchez con una actuación antológica de Alberto Restuccia, o bien el delirante camino abordado por el elenco de Las Julietas para satirizar y vampirizar a la siempre tan conservadora y pacata identidad uruguaya.

***

La nueva generación de directores apela a una dramaturgia propia o cercana, de autores uruguayos... ¿Por qué creés que se da esa tendencia, que es ciertamente opuesta a la necesidad de mirar hacia afuera de la generación de los 90?

El teatro uruguayo necesita tener identidad y para eso necesita fortalecerse y mirar para adentro, trabajar sobre nuestra realidad y poner todo el esfuerzo en potenciar y desarrollar un lenguaje propio. Eso sólo se da con confianza en los creadores en sus distintos ámbitos: formación, debate, reflexión, producción, investigación, publicación, experimentación multidisciplinaria y un conocimiento profundo sobre quienes somos y de donde venimos. Para que eso suceda debe entrenarse a los artistas de la escena y a sus públicos, para que la ética no se cristalice únicamente en la ética del artista y su disciplina, y para que la ética tenga una permanente reformulación, adaptándose a los cambios imperantes por las nuevas generaciones.

¿Cómo imaginás esa reformulación ética?

Habría que preguntarse primero cuál es la misión del teatro uruguayo, y también cómo se ubica el rol del director en el teatro uruguayo... Yo creo que el objetivo es que el teatro esté vivo en su contexto, con sus parámetros, con su realidad, con su economía y con sus problemas, sus debilidades y sus fortalezas. Para que eso suceda la independencia ideológica es fundamental, la independencia artística es indispensable para colocarnos en un lugar de producción real y no siguiendo las líneas de sucursales ambulantes del “gran teatro”. Todo el teatro es político. Si yo hago un Chéjov, un Shakespeare o un Sófocles, tal cual son, es una actitud política: donde decido, elijo, priorizo poner en primer lugar, poner por encima de todo al autor y ser conciente y responsable sobre lo que desencadena, la multiplicación que implica y la legitimación de un discurso: le rindo homenaje y me someto a su disciplina ideológica.

En varios de tus espectáculos trabajás sobre dramaturgias anteriores, para reelaborarlas: Moliere en Don Juan, Florencio en Los últimos Sánchez...

En mi primera experiencia de reescritura con el Don Juan de Molière, que tampoco era totalmente de él, la primera fidelidad que establecí con el autor fue con el motor de la escritura. Ir por la pulsión atravesando un lenguaje caduco y perimido para nosotros, pero adentro de este lenguaje todavía latía el pulso original. Esa es la fidelidad, el resto es contexto histórico que pauta cómo, con qué palabras, estructuras y modalidades debe escribirse... ¿Para quién trabajamos ? ¿Para Shakespeare o para nuestros creadores y nuestro público? ¿Qué estamos diciendo por debajo si no se pueden tocar los textos? Saber quienes somos, qué estamos haciendo, por qué estamos haciendo lo que estamos haciendo, variar el ejercicio, la mirada, el punto de vista, el vínculo. En el arte no se puede decir "esto está vencido, o es tóxico, o los nuevos avances hablan de tal cosa", como pasa en la ciencia, y se termina la discusión. En el arte lo único que se tiene a favor o en contra, es el tiempo. El tiempo que le lleva a una sociedad asimilar lo nuevo, comprender que hay cosas que ya no funcionan más... esa resistencia en Uruguay está consolidada por franjas que se apoderan de la voz y la convierten en la voz de todos aunque no sea representativa. Aunque hay esquemas anticuados, donde se sigue creyendo que el teatro es representación de un texto, hoy lo que se discute en los ámbitos de formación, creación y experimentación es la vida de la escena. Eso marca el antes y el después. Antes se montaba una obra a través de la elección de un texto, luego se hacía el reparto adecuado. Yo no elijo más actores para los personajes; primero el actor y desde el actor elijo el personaje. Trabajo con la realidad que determina un modelo, porque el personaje no es una meta, el personaje nace del actor. ¿El actor trabaja para Hamlet, o Hamlet trabaja para el actor?

¿Cuál sería la pregunta esencial de un director de escena contemporáneo?

Director te hace el actor, te hace la palabra que crece en el actor, te hace el espacio que habita el actor cuando la luz revela otra dimensión, cuando el material escénico vibra como pieza única e independiente. Ellos son los que dan el título y la autoridad. ¿Cómo se organiza el mundo del creador de la escena? ¿Qué antecede a su creación? ¿Cómo se habita la realidad y convive con la creación? ¿Cómo convive lo subjetivo con lo concreto de la producción, y la independencia para desarrollarse en el estilo personal y tener autoría? ¿Cómo se es director de escena teatral en Uruguay? ¿Cuál es la diferencia entre un artista y otro que hace cosas? La creación es una construcción responsable entre la subjetividad y la realidad. Una tensión entre sobrevivir y ser, para nunca dejar de ser, aunque no se pueda sobrevivir, aunque la sensibilidad y la realidad no coincidan y nos aturda la convivencia. Se debe ser cada día más vulnerable a la realidad ajena y a la propia, y cada día más fuerte para proteger esa vulnerabilidad. La desesperación, el riesgo, el deseo de crear lenguaje, de tener identidad, que lo propio sea compartido y que el lenguaje creado pueda ser dialogado entre las partes: eso determina a un artista. Después están los resultados, que pueden estar descontextualizados de tiempo, historia, realidad, circunstacias, demasiado adelantado o con pocas herramientas para el público que recibe la obra. No me entusiasman los resultados puntuales, me entusiasma la búsqueda permanente. Un artista es quien se construye y se destruye a sí mismo.

¿Cuáles son los grandes desafíos del teatro uruguayo contemporáneo?

Muchos. Primero ordenar lo que hay. Segundo, tener más autonomía, autoestima para no depender de lo que los otros digan sobre nuestro trabajo. Crear redes de artistas para tener un lugar común para exponer el trabajo y el pienso sobre el trabajo. Reflexionar, sistematizar y debatir más sobre nuestro presente, fuentes, disparadores, y el ojo sobre nosotros. Construir una plataforma propia que comunique desde el creador. Tener mayor inserción en el panorama de las artes escénicas internacionales. Tener mayores espacios de encuentro para crear, intercambiar, no enfrentarnos sino sumar puntos de vista, que varios directores dirijan una misma obra, que la diversidad de luz y no contradicción, que la diferencia sume y no espante o de pelea como era antes. Nuestra riqueza radica en eso: somos todos distintos, qué bueno.
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¿Es posible equilibrar el apoyo a los artistas emergentes con el repecto a la tradición y el legado de viejas escuelas?

Ni el cine, ni la tele, ni el dvd, ni el cable mataron el teatro, por lo tanto nada lo matará porque es único y eso es algo que se ha entendido. No compite. Es único en su especie. Lo contemporáneo es eso; comprender el valor de lo que se tiene, no pretender ser otra cosa, no desear lo ajeno. Esa comprensión de que lo otro, lo importado, era mejor, está cayéndose a pedazos, porque naturalmente impera la esencia y la identidad. Para luego conciliar, negociar y aceptar las formas estéticas y políticas de expresión y comunicación, y esa es la etapa más dura y agresiva entre la lucha del joven y el viejo, pero esa es la historia de la humanidad, del hombre y del animal. No es cuestión de ir contra nadie, tampoco contra la naturaleza. Siempre ha sido así y sigue siendo así: el joven quiere matar al viejo y lo puede vencer por vigor, pero el viejo lo vence por zorro. Los dos son tigres peleando por lo suyo, no hay inocentes... a los inocentes los mató Herodes. Eso hace también que cada vez se piensen sistemas más sofisticados para sobrevivir.

Fuente: Caras y Caretas, diciembre 2009.

sábado, 9 de enero de 2010

Esto pasó en el teatro. Por Bernadette Laitano (Sábado Show).

El año 2009 no fue la excepción y entre estrenos y reestrenos la cartelera capitalina ofreció más de 150 espectáculos.
Teatro nacional

LOS QUE ESCRIBIERON
Dramaturgos nóveles (cada vez más) conviven con creadores poseedores de nombres que el público asiduo reconoce. En ambas generaciones, la escritura convive con la dirección, pero no es posible determinar qué inspira a la nueva camada porque la variedad lo domina todo. (...) Marianella Morena jugó con cuatro actores en Las Julietas y demostró que está lejos de cualquier encasillamiento. (...)

Directores
Algunas batutas

La perfección en la globalidad de un espectáculo tiene por detrás la mirada del director. La escena local posee nombres que saben mantener su lugar de referentes en la creación contemporánea como Marianella Morena, camaleónica, que escapó a los encasillamientos en Las Julietas (...)
Actuaciones
Ver para creer

No hay personajes grandes o chicos, hay actores buenos o malos y varios artistas demostraron la validez de esta frase con sus trabajos en escena. (...) Elencos imperdibles fueron los de Los padres terribles (A. Garateguy, R. Bornes, C. Moscatelli, N. Campo y Sergio Muñoz), Las sirvientas (Cecilia Baranda, Pilar Cartagena y Pelusa Vidal) y Las Julietas. (Sanguinetti, Pintos, Gayvoronsky y Quijano)...
Fuente: Revista Sábado Show, diciembre 2009.

viernes, 8 de enero de 2010

Movida Teatral. Década 2000. Por Debora Quiring (Revista Freeway)

Es impactante enterarnos de la existencia en Uruguay de ciento veinte grupos de teatro joven (es decir, menores de treinta años), que actualmente tratan de llevar adelante un proyecto común: hacer teatro.A lo largo de esta década pudimos ver la emergencia de un pequeño grupo de jóvenes que, poco a poco, comenzaron a consolidarse. Entre muchos podemos nombrar a Gabriel Calderón, Santiago Sanguinetti, Leonardo Martínez, el reciente Fernando Nieto y Sofía Etcheverry. La mayoría de ellos vivió la dictadura a través de los relatos de sus mayores, ya sea porque eran niños o porque nacieron luego. Les interesa más “romper” que seguir tradiciones o lugares comunes; miran hacia afuera para después crear, en especial Argentina y sus grandes creadores contemporáneos, como Spregelburd, Veronese, Bartís, Tolcachir y Kartún. Existe un grupo anterior, para evitar hablar de generaciones, caracterizado por su paternalismo, su apertura al diálogo y a la interacción, como Mariana Percovich, Roberto Suárez, Alberto “Coco” Rivero, Gabriel Peveroni, Ivan Solarich, Marianella Morena, Raquel Diana y María Dodera. Promotores de este nuevo grupo emergente, continúan su producción sin mantenerse ajenos a las dificultades que puedan enfrentar (aunque algunos ya estén institucionalizados), y a veces los incluyen en sus proyectos escénicos. El apoyo a los artistas a evolucionado considerablemente. Recordemos que desde el 2005 el Ministerio de Educación y Cultura le ha otorgado al área cultural un papel más activo. A Escena es un programa de fortalecimiento de las artes escénicas, y Laboratorio es un centro de creación e investigación que complementa lo desarrollado por este programa en tres áreas, dramaturgia, dirección y coreografía.También el Centro Cultural de España ha implementado Solos en el escenario para buscar promover la escritura.Desde luego que las dificultades continúan, el medio es chico y la oferta es mucha. Tal vez demasiada, lo que lleva a que no se priorice la calidad frente a la taquilla. Pero lo que se debe subrayar es la emergencia de jóvenes talentos que pese a ser mirados con recelo, han demostrado la fuerza con que llevan adelante su pasión, muchas veces acompañada de trabajo y disciplina. A modo de cierre 2009, reiteramos la recomendación de dos muy buenos espectáculos: Las Julietas y Quiroga con la luz prendida. Dos muy buenos ejemplos...


Fuente: Debora Quiring, Freeway (diciembre, 2009).

viernes, 11 de septiembre de 2009

Ahora los jueves 21hs. en la Sala Cero de El Galpón.

Y volvimos a volver... Ahora en la Sala Cero de El Galpón todos jueves a las 21hs. Y hasta que las velas ardan. Aunque sin velas por disposición municipal...

miércoles, 5 de agosto de 2009

Volvemos. Teatro El Galpón recibe a Las Julietas. 8 únicas funciones.

Siguiendo las huellas de nuestros abuelos, y después de la gira soñada por Paso Belastiquí, Cerro de la Petisa, Villa Velázquez, Rotonda Gorda, Pando, Los Tórtolos, Sauce Rengo, Club Municipal de Sarandí de Navarro, Centro de Bochas de Playa Verde (donde, para nuestro regocijo, algunos memoriosos todavía recuerdan la noche en que el abuelo de Claudio compró choripanes y Coca Cola para toda la audiencia, unas quince personas), reponemos en Montevideo. Aquí algunas fotos de los primeros ensayos en El Galpón, con nuevo Bruto Actor: Mariano Prince. El próximo año nos espera Marindia y el Club Unión Vecinal de Paso de los Mellizos, pero de eso hablaremos en el 2010. Como nos enseñaron los viejos: a puro pulmón y sin un mango en el bolsillo...









LAS JULIETAS, Sala Atahualpa (Teatro El Galpón). Sábado 21hs, domingo 19hs. Únicas 8 funciones (del 8 al 30 de agosto de 2009).

martes, 4 de agosto de 2009

Shakespeare.uy. Por Bernadette Laitano (Sábado Show)

La presencia del autor inglés en la cartelera encuentra diferentes caminos para la representación, desde la lectura clásica, hasta las versiones más alejadas. Su genialidad, todos coinciden, no se discute.

Cuatrocientos años después de su muerte, Shakespeare sigue siendo el autor teatral más popular de cualquier período. No hay autor clásico ni contemporáneo que lo opaque en ese sentido. Y para reafirmarlo, alcanza con nombrar Romeo y Julieta. Pensar en Romeo es pensar en Julieta. Son dos nombres que difícilmente nuestro imaginario hoy pueda pronunciar por separado. Y decir Romeo y Julieta, es decir Shakespeare, aunque no todo el mundo haya leído la obra o visto la representación teatral. Más aún, aunque varios ni siquiera estén seguros de cómo se escribe correctamente `Shakespeare`, son muchos más los que tentados por un balcón, han parodiado la escena más famosa de la obra shakespeareana. Lo mismo sucede con Hamlet y su cuestión del "ser o no ser". ¿Qué otro parlamento, de cualquier otra obra teatral, de cualquier otro autor, es tan repetido incluso sin conocer su contexto y, por lo tanto, sin conocer su real significado o interpretación? Pero el parlamento está allí. Y se dice.

En la cartelera teatral 2009, Shakespeare está presente en sus más variadas posibilidades. Las Julietas, de Marianella Morena. Los Macbeth´s, de María Dodera y Marina Cultelli. La Señora Macbeth, de Griselda Gambaro con dirección de Juan Tocci. Hamlet, dirigido por Gabriela Iribarren. Y La tragedia de Macbeth, que interpretará la Comedia Nacional bajo la dirección de Mario Ferreira.

Esto no responde a ninguna causa particular porque, de hecho, Shakespeare nunca se dejó de representar, ni aquí ni en el resto del mundo. Sí es extraña la presencia múltiple que, casualmente, tiene este año en Montevideo. Por lo que corresponde al resto del mundo, actualmente el actor Jude Law interpreta a Hamlet (estrenó en Londres y ahora se presenta en Broadway), Philip Seymour Hoffman actúa en Otelo (también en Broadway con el Public Theatre) y Anne Hathaway es Viola en Twelfth Night, que el Public Theatre produce para lo que es Shakespeare in the Park, un festival que se realiza todos los veranos en Delaware Park para montar obras de Shakespeare bajo las estrellas y con entrada gratuita. Estos ejemplos no excluyen los trabajos realizados por la Royal Shakespeare Company de Inglaterra, cuyo propósito es "mantener a las audiencias actuales en contacto con Shakespeare como nuestro contemporáneo", y así como el trabajo de otras compañías y producciones independientes.

Las Julietas es el espectáculo que más lejos está de Shakespeare. Sin embargo, su nombre denota una presencia velada del autor inglés. Su directora, Marianella Morena, explica: "Es un punto de partida porque partimos de Romeo y Julieta y desde ahí creamos nuestro propio diálogo". Quienes hayan visto el espectáculo, que se presentó en La Candela (y reestrena en El Galpón), tendrán toda la razón al afirmar que no vieron Shakespeare, pero podrán tener algún atisbo de duda porque los actores llegan a decir un fragmento breve del texto. ¿Entonces? "Para mí, el planteo es dialogar con artistas que tienen un universo riquísimo. Él presenta ese universo y yo dialogo con él, tomo como punto de partida, en este caso, a Romeo y Julieta", señala. Después de una reconciliación ("a veces pasa que cuando leés un clásico, te cansa el lenguaje"), Morena se vio seducida por Shakespeare y su universo: "Hay algo que pulsa en él o que late en él como artista teatral, como artista de la acción, que es la desesperación, una desesperación por vivir y por mostrar la vida a través de permanentes contradicciones y tensiones. Yo tenía muchas ganas de utilizar ese motor y trabajarlo con cuatro actores que tuvieran una desesperación por actuar o trabajar, por no buscar una explicación lógica en cada procedimiento sino que lo que nos unió fue la pasión por el escenario".

Los Macbeth´s, de María Dodera, sí es una versión de Shakespeare en la que el espectador sale del espectáculo y, si bien no vio representado el texto La tragedia de Macbeth, sí vio Shakespeare y palpitó sus personajes: "Macbeth es una de las tragedias que más me gustan, por los personajes, por el cóncavo y convexo de la pareja. Yo le llamo Los Macbeth`s porque el personaje se conjuga de los dos, o sea, Macbeth no se completa sin ella y ella no se completa sin Macbeth (…) ¿Por qué versionarlo? Porque creo en la actualización. Shakespeare utiliza leyendas y hechos históricos y los actualiza a su tiempo, a su teatro isabelino. Él da el camino que es la actualización, lleva a su tiempo y verbo las historias que narra, entonces eso es lo que me lleva a traerlo a mi tiempo y a mi verbo".

Algo similar sucede con el reciente estreno de La señora Macbeth en El Galpón, escrita por la argentina Griselda Gambaro y dirigida por Juan Tocci. "Suponte que nadie conozca Macbeth, se va con el argumento de Macbeth en la cabeza", puntualiza Tocci, que quería trabajar con un clásico y encontró en el texto de Gambaro lo que estaba buscando: "Shakespeare prácticamente se pierde por completo y es una reescritura desde una óptica rioplatense y contemporánea. Cambian los signos. El acento se pone en la señora Macbeth como personaje central y Macbeth no aparece nunca, lo que lo transforma en la figura del poder, sin cuerpo y sin cara". De Shakespeare a Gambaro, y de Gambaro a Tocci, su puesta en escena tendría una doble relación de distancia con la obra original. Como dato aparte, la traducción de los versos de Shakespeare la realizó Idea Vilariño.

Una de las obras capitales de Shakespeare es Hamlet, obra que trascendió hasta convertir a su personaje en algo inmenso para cualquier actor que tenga la oportunidad de interpretarlo: "La única forma de representarlo o de encararlo es dejando que el personaje pase a través de uno, no tratar de componer un Hamlet de una forma determinada, con determinadas características en cuanto a un comportamiento físico o una psicología, sino tratar de abrir lugares de uno para que el personaje atraviese", señala Álvaro Armand Ugón que a fines de agosto actuará en esta obra dirigida por Gabriela Iribarren. Ambos artistas adelantan que trabajaron con la versión completa de la obra, por lo que el público verá un espectáculo de más de tres horas, con un intervalo de quince minutos: "Tratamos de desarrollar todos los aspectos de todo lo que nos propone la obra, la cuestión filosófica, la peripecia del personaje, todo el contenido humanista que posee, el poder, la amistad, el amor, la traición, la ambición, la locura, la venganza (...) Muchas veces, los clásicos se adjudican a un ámbito culturoso que yo no comparto, creo que es accesible a todos el disfrutarlo y el quedarse con lo que él nos proporciona. Shakespeare sigue siendo un autor muy moderno en cuanto a la estructura dramática que maneja, la cantidad de locaciones a las que hace referencia, el dinamismo de las acciones, el humor que también está aún en las tragedias", dice Iribarren sobre su puesta.

Y todavía en octubre se seguirá estrenando Shakespeare, esta vez con la Comedia Nacional, que eligió al clásico atendiendo a una de sus misiones, la de dar a conocer los grandes autores. "Muchos jóvenes conocen a Shakespeare en la secundaria y es algo que se ha mantenido a lo largo de los años porque yo estuve en el liceo en los `80 y me acuerdo que estudiamos Macbeth y ahora sigue ocurriendo. El teatro está hecho para verse representado y poder ofrecerles a los estudiantes esa posibilidad de ver el clásico nos pareció más que atractivo", explica Mario Ferreira, quien también señala que van a hacer la obra completa: "Me parece que la Comedia tiene posibilidades y reivindico esa posibilidad de, entre la diversidad de ofertas, que haya una oferta que muestre la obra completa".

Actualización, sí o no. "Si hoy en día para decir que Shakespeare es actual necesito parámetros tan ilustrativos como un jean, lo estoy negando". La afirmación es de Sergio Blanco y es una respuesta que le dio en 1997 a María Dodera, para un estudio que la directora presentó ante la UNESCO. Diferentes realizadores de Uruguay, Brasil, Estados Unidos, Francia y España (que habían representado alguno de los clásicos de Shakespeare) respondieron, en uno de los capítulos del trabajo, qué significaba a su criterio actualizar un Shakespeare, y si era necesario. Hoy, la misma pregunta para los artistas entrevistados.

Para María Dodera, actualizar "es totalmente esencial" y significa "recodificarlo al hoy". Por eso fue que tomó la idea del poder presente en Macbeth y lo resignificó, ubicando al matrimonio en un círculo de poder vinculado a logias con apellidos imperantes. Tocci enfatiza que "una puesta original sería completamente inútil y prácticamente imposible, un trabajo de museo arqueológico, (por lo tanto) no hay posibilidad de trabajar con Shakespeare sin reescribirlo". Armand Ugón menciona la importancia de las traducciones y por el mismo camino va Mario Ferreira: "Me parece que lo que hay que hacer es encontrar, sin perder la grandeza del lenguaje, sin perder el lirismo que aparece en todas las obras de Shakespeare, conseguir que el lenguaje sea más fluido para el espectador". Marianella Morena da la puntada final: "Si vos tenés un diálogo permanente con el presente, y somos el presente los que hacemos el teatro, hay una responsabilidad por parte de los creadores escénicos, que somos los que trabajamos lo efímero, de tener una temperatura con tu presente. La obligación de las artes escénicas es dar algo vivo. Lo otro dejalo para los catedráticos, los antropólgos, arqueólogos, que puedan hacer el museo de Shakespeare. La obra sigue intacta, si vos querés leerla como texto está intacto, uno no interviene la obra, pero hay una responsabilidad de que vos vayas y te atrape, que puedas tener esa experiencia".

lunes, 27 de julio de 2009

Nuestros Shakespeares. Por Georgina Torello (Revista Dossier).

Sin necesidad de aniversarios que promuevan revivals ornamentales, el isabelino pasa por uno de sus mejores momentos: lo intervinieron Marianella Morena (Las Julietas) y María Dodera (Los Macbeth’s) –por su parte la Comedia Nacional se empeñó, para el final de temporada, con otro Macbeth dirigido por Mario Ferreira. Con poéticas desemejantes que además varían para cada espectáculo, Morena y Dodera declinan también esta vez, de manera diferente y en cierta forma antitética, sus apropiaciones de Shakespeare. Es decir, usan al “clásico” cuando es necesario, pero lo abandonan sin empacho ni culpa, saliendo de una lógica de respeto/no respeto que tanto afectó y afecta a nuestros países, y a toda su producción simbólica, desde la colonia hasta hoy.

Con una posición desenvueltamente postcolonial que Edward Said adoraría Las Julietas, de Morena, aunque multiplique el nombre de su personaje más enamorado e infausto al mismo tiempo (equiparable sólo a la Francesca de Dante) no reserva para Shakespeare la primera fila. El espectáculo funciona sólo en la medida en que el público entiende que el centro de interés, el objeto del discurso, no pasa por el uso del británico, ni siquiera por el acto parricida o por una decidida superación de la angustia de su influencia: desde el primer parlamento hasta el último los actores, Alejandro Gayvoronsky, Leonardo Pintos, Claudio Quijano y Santiago Sanguinetti, nos ofrecen un espejo, más o menos grotesco (tanto como seamos capaz de verlo/nos) del Uruguay de los últimos sesenta años. La operación no es nueva en la directora: como sedujo y abandonó a Molière cuando ya no lo necesitaba para escribir desde un lugar propio (Don Juan, el lugar del beso, 2005) y a Florencio Sánchez para darnos una versión aggiornata de sus restos (Los últimos Sánchez, 2006) lo mismo hace ahora con Shakespeare.


A través de cuatro actores en escena que sugieren algunos “tipos” autóctonos, pero son lo suficientemente elásticos para encarnar otros héroes, Las julietas mapea nuestra identidad (anclada en ese “soy celeste” o en “uruguayos campeones”) para descomponerla y arreglarla/rearmarla luego con una mirada extrañada. El espectáculo de Morena no acompaña de la mano al espectador “irritado” (como lo llamó Pirandello en Cada cual a su manera, 1924) y yo agregaría al espectador perezoso, en su recorrido por la nueva cartografía: hay que transitar solo por los parlamentos fragmentados, por los sentidos fragmentarios, atar los cabos que deja sueltos, tener ganas de ese fill in the blanks obligado para disfrutar el viaje. Pero una vez que se entra en el juego el blandengue y el italiano, el “bruto actor” y el don Juan crean algunos espacios del mejor humor (y las más fuertes risas del público) que se veía en mucho tiempo. El fragmento no corta la comunicación ni la gracia: la prolonga.


Presentada en la Casa Municipal de la Cultura, Los Macbeth’s de Dodera proyecta otro tipo de contrato con el espectador, más inclusivo. Las peripecias de esa pareja sanguinaria es contada a través de los ojos curiosos, fetichistas, del mayordomo (Adrián Prego) que nos lleva casi de la mano a recorrer la casa (decorada por César Rodríguez Ávila) anunciando los peligros y ciertas atmósferas, sugiriendo la atención sobre algunos rincones oscuros, invitándonos incluso a su minúscula habitación privada –es decir a un espacio literalmente fuera del drama. El recorrido por ese infierno mental que propuso Shakespeare en esta tragedia de cinco actos, se transforma así en el recorrido por las habitaciones (y balcones) llevados por ese lacayo que además interactúa con la Lady y su marido. Un Macbeth-recorrido propuso Álvaro Ahunchaín en el Teatro del Anglo en 1986: el público terminaba, luego de un éxodo por el vientre del teatro, en el escenario (y era aplaudido por los actores desde la platea): su juego era con el teatro como espacio, un juego metateatral. La operación de Dodera pasa, en cambio, por una variación del punto de vista: todo se ve a través de esa mirada adorante y casi perversa del súbdito que complica y potencia la mirada distanciada del público. Lo que se ve y se siente es filtrado a través de su juego con las anécdotas (de su infancia con el señor, de algún recuerdo que incluye a Lady Macbeth). En definitiva, Dodera formula una de las pocas miradas que podemos mantener con propiedad desde la colonia -para retomar a Said- agregando a las tantas versiones una nuestra y por lo tanto excéntrica, es decir, literalmente fuera del centro.

sábado, 13 de junio de 2009

El sudor del actor es la poesía. Por Leonardo Flamia (Guía del Ocio).

Es todo un desafío intentar describir esta nueva obra de Marianella Morena, una creadora versátil, con una libertad estética difícil de imaginar a priori. La dinámica de trabajo que se propone es un “diálogo” como ella dice, en múltiples direcciones que genere el espectáculo. Diálogo entre una obra y nuestro presente particular, pero ese “nuestro” no es una cosa absoluta. En realidad es el presente de Morena, y el de los actores, el que entra en juego con la obra y da un resultado X. Pero para aumentar el desafío vamos a un momento fundacional de nuestra historia reciente, el maracanazo. Ser uruguayo, no oriental, uruguayo, es algo mucho más fácil de explicar apelando a Obdulio Varela y Ghiggia que a Oribe, Rivera o Artigas. Por eso si ponemos en el medio al maracanazo, simbolizado por un supuesto grupo teatral de los dorados cincuentas celestes, la ecuación aumenta de grado, aquel resultado X empieza a tener exponentes cada vez más elevados.

Un vértice entonces es una obra, en este caso “Romeo y Julieta” de Shakespeare. Otro vértice son las personalidades, aptitudes, imaginación, etcétera, de los creadores, actores y directora. El último vértice es el mito del maracaná, el Uruguay del cincuenta. ¿Qué surge de esto? Ponerle nombre es difícil, pero estamos ante la obra más divertida que hemos visto en varios años. El humor lo transpira el espectáculo, no se necesitan ni chistes ni situaciones humorísticas más tradicionales. Ya al comienzo, cuando van apareciendo los actores en ropa interior, en calzoncillos bah, tenemos algunas pistas. El primero de los actores, con su lugar a la derecha de la platea, es Carlos Quijano (excelente este nombre para la obra), luego es el turno de Alejandro Gayvoronsky, quien parece ser algo más elevado de altura, el tercero es Leonardo Pintos, más alto aún, nuestro cerebro ordena las piezas y… aparece Santiago Sanguinetti, el más bajo de todos, encima con lentes de sol, pelo largo y pose de galán. En varios pasajes de la obra un simple cambio de un orden predecible nos apronta para reírnos. Uno imagina que la mención de Verona en un ensayo fácilmente llama a una pronunciación italiana, a una actuación más enfática, a la aparición de la pasta casera, pero lo que sucede en el escenario con esos elementos confluyendo genera una hilaridad incontenible. Resuenan como un eco, muy a lo lejos, situaciones de la obra de Shakespeare, que de alguna forma van dándole un hilo a la obra, hasta la aparición del “bruto actor” interpretado por Gayvoronsky que ya hace imposible contener la risa. La pieza culmina, como un juego perfecto, con una despedida exactamente inversa a la presentación. El elenco se complementa a la perfección, suponemos que la naturalidad lograda tiene mucho que ver con un espectáculo dominado tan al dedillo que no percibimos los momentos de necesaria improvisación. Como dice la directora en el programa “Que la poesía sea el sudor del actor en cada función” y vaya si hay poesía.


Esto no es una versión de “Romeo y Julieta”, más que nada porque el texto parece ser un punto de partida y no de llegada. El año pasado Marianella Morena nos había presentado “Jaula de amor”, un espectáculo contenido en su temática, que obviamente no podía incluir al humor, pero que además estaba íntegramente contenido en la fatal sentencia “Después de vos nada” que decían los personajes al comienzo. “Las Julietas”, que quizá tenga un proceso creativo similar, sin embargo parece dispararse en múltiples direcciones y solo al final podemos organizar lo que vemos. Eso es lo destacable, más allá de las temáticas disímiles, los procedimientos llevan a la creadora hacia lugares que controla, pero que escapan a lo rutinario, que logran ser un espectáculo unitario, pero que nunca se repite.
Fuente: Guía del Ocio (Diario Últimas Noticias), viernes 12 de junio.

domingo, 7 de junio de 2009

Todo Celeste (Revista Factor S)

De identidad, de costumbres… Cuesta clasificar a LAS JULIETAS, una obra que transmite sensaciones mediante acciones dramáticas con ironía, con humor; teatro que surge de “mezclar estímulos, materiales provenientes de la música, las artes visuales, la imaginación y nosotros improvisando”, explica su directora, Marianella Morena.
Al principio nada, el espacio vacío y el vestuario esperando a los actores. El entorno de La Candela parece perfecto para ser voyeur de la intimidad de cuatro hombres que por momentos parecen cuatro viejos en un banco de una plaza. Son actores fusionando recuerdos de la obra que debían actuar, discuten e intercambian anécdotas, vivencias, ideas, posturas. La música va acompañando distintos instantes sumándose, en muchos casos, el canto más o menos eufórico de los personajes según la evocación.
LAS JULIETAS no parte de un texto concreto sino de las ganas de hacer teatro, “las ganas de trabajar con actores jóvenes que estuvieran dispuestos a todo” dice Morena. Sí se toma como punto de partida para la exploración el clásico Romeo y Julieta de William Shakespeare con el que la directora confiesa haber tenido “un romance atrasado, no resuelto, que no podía poner en práctica”, y agrega, “quise tomar y cruzar esos amores sumando la dificultad, porque la dificultad es un vestido que no se quita nunca. Me gustaba la idea de raptar a Julieta y cambiarle el contexto, hacernos preguntas sobre ¿Qué sobrevivió? ¿El texto, la trama, la anécdota, el rumor? Todo el mundo sabe de qué trata, aunque no se haya leído. Esa forma de supervivencia nos interesa, me gusta, es tomar contacto con la realidad de lo que sobrevive y cómo, olvidarse del documento y hacerlo vivir, porque el teatro es escena y la escena es sudor, presente, realidad.” Morena manifiesta haber tenido más interés en la trama que en el texto, “lo que sobrevive es el deseo y no el texto, es el rumor y no el desarrollo, es la complejidad humana y el orden de las escenas.” A una Julieta en cuerpos de varones se le incorporó la vivencia nacional de los años '50 y se jugó, en la creación del texto, con la masculinidad abordando con humor las características socio-culturales que contiene. En el programa la directora expresa que hacer teatro “es perderle miedo al tiempo, entrar en el presente y dialogar con él”. Leonardo Pintos, uno de los actores, explica que debido a la confianza generada entre actores y directora, “el proceso fue un juego y el diálogo se convirtió en la forma de trabajar incorporando elementos de nuestra realidad y eliminando la representación, de hecho no trabajamos personajes, trabajamos situaciones y tuvimos como premisa la verdad. A partir de ahí el humor vino solo y los 'personajes' también.” En LAS JULIETAS la música es un buen soporte, el vestuario está correcto y todo juega a favor para que se presencie teatro pero LAS JULIETAS son sus actores, cuatro jóvenes que dejan su talento en escena. Además del buen trabajo de Leonardo Pintos actúan Santiago Sanguinetti, Alejandro Gayvoronsky y Claudio Quijano; cada uno con su cuota de gracia y sus comentarios oportunos.
Trabajar con actores jóvenes transmite una energía particular, el mismo texto se hubiera recibido de modo distinto con actores viejos. La famosa obra “Mi muñequita (la farsa)”, de Gabriel Calderón, contó, entre otras singularidades, con la presencia de actores jóvenes y si bien no fue una innovación sí se trató de algo poco común que reforzó el espíritu de la obra. Marianella Morena cuenta que, para LAS JULIETAS, “tenía ganas de sangre joven, valientes, hambrientos, pero también de sumar masculinidades, de ver cuatro hombres jóvenes dejando todo. Cambiar el ángulo, el lugar, el rol, olvidarnos y centrarnos, enfrentar los opuestos y reírnos de nosotros mismos”. El objetivo del humor queda claro en un ejercicio, físico y psíquico, permanente. Son cuatro hombres pero son Julieta, “ficción y realidad, seducción y machismo, cuatro hombres desde una mujer, desnudos, expuestos, abiertos, pero también jugando, liberándose y criticando las miserias que nos caracterizan. Con cariño y desenfado, sin prejuicios, sin problemas con la experimentación física, llámese golpe, cachetada, baile, abrazo, sin rencor y sin residuo: bien masculino. Eso me gusta, es amplio, hace sudar, da imágenes y proyecta espacios concretos y lúdicos, la fantasía también convive con lo doméstico.”, así explica Morena lo presentado en el escenario. “Si bien Marianella creó la columna, cada uno de nosotros desarrolló su universo paralelo y eso significó un crecimiento para nosotros como actores” afirma Pintos.
LAS JULIETAS traslada al espectador a costumbres nacionales y hábitos de esos que no se cuestionan mediante la representación de situaciones comunes. Son personajes desenvueltos que actúan con espontaneidad, cantan y bailan. “El baile invita, relaja, tiene humor, nos acerca y cambia planos del lenguaje, aporta ritmo y es necesario para conectarnos.”, expresa Morena. Una obra que demuestra en la dramatización la pasión de una directora que entiende que hay que entregarse, “primero a uno, hasta perderse en el infinito de uno mismo y después al otro, hasta perderse en el infinito del otro, cuando uno se ejercita en la entrega, el resto es placer. Y el placer es un conocimiento muy poco transitado.”

lunes, 11 de mayo de 2009

Las Julietas: ¿Un Uruguay que fue? Por Ana Laura Barrios (blog Entre Tablas)

“Lejana o no, la mitología sólo puede tener fundamento histórico, pues el mito es un habla elegida por la historia no surge de la “naturaleza” de las cosas.”
Mitologías, Roland Barthes. Pág. 200.

Marianella Morena arriesga y apuesta. Esa postura descontracturada (por tanto libre) y a su vez comprometida con la escena hace que sus puestas, frontales y honestas, encuentren desde la experimentación un lugar y un sentido. En Jaula de amor la directora inspirada por una noticia policial compuso un texto desde la escena, en el trabajo con los actores. Creó así, por tanto, un texto vivo más cerca de la innovación que del cliché. Con una forma de trabajo similar Las Julietas nació desde una idea que rondaba en su cabeza: abordar Romeo y Julieta desde el hoy. Nuevamente eligió a los actores para acompañarla en ese viaje, para poder, en conjunto, reconstruir un texto que vivía en el interior de cada uno. Bajo la guía y la idea original de Morena el grupo conformado por Santiago Sanguinetti, Alejandro Gayvoronsky, Leonardo Pintos y Claudio Quijano, reflexionó y creó desde los ensayos una puesta que dialoga con el clásico de Shakespeare en varias direcciones: directamente con fragmentos de su texto original e indirectamente con sus ecos y con los nuevos nexos e interpretaciones que se disparan desde el hoy. El puntapié definitivo cuajó desde una anécdota familiar: los abuelos de uno de los actores en los ’50, a la deriva y sin director, realizaron por el interior un varieté criollo basado en textos de Shakespeare. En ese punto, aparentemente distante, se inició el diálogo. Dos mitos se encontraron: la tragedia de Shakespeare que no pierde su vigencia, y las fórmulas de una forzada identidad nacional basada en hechos pasados y perdidos. Una puesta de actores en torno a un texto Los cuatro actores llegan a escena con poco vestuario. Se presentan despojados, con sus armas a cuestas: cuerpo y mente. Sobre el escenario toman sus trajes y comienzan a dar vida a sus personajes. En ese ambiente la directora los contiene y a su vez los libera: les brinda un espacio de seguridad pero sólo delimitado por pocos elementos escénicos. Lo que prima es su presencia, sus gestos, sus acciones, sus palabras. El juego que se multiplica desde el título de la obra es la develación de una identidad. En ese camino los actores son ellos y a su vez sus personajes: se construyen a sí mismos sobre el escenario. Así Sanguinetti y Quijano pueden enfrentarse por el origen italiano de sus propios apellidos o ser Only Delonely y Cittadino italiano. Las prometidas Julietas, mientras tanto, aparecen en historias desde su ausencia como los mitos que perpetúan hechos que no están presentes. Esa ambigüedad en la relación entre los personajes, esa indefinición que crece a lo largo de la obra desmorona una de las tantas leyendas enquistadas en la sociedad: el macho tano, tanguero, ganador ¿real o ficticio? ¿rol o etiqueta? ¿Romeo o Julieta? Desde situaciones cargadas de un humor irónico e inteligente se cuestionan varias verdades canónicas. Surgen así las capas que conforman una identidad erigida en base a mitos: ¿lo celeste como postura o como imposición? ¿Qué es ser celeste al final de cuentas? El mito se presenta desde su carácter imperativo, universal, donde todo se vuelve parte de él, un diálogo se repite: “todo celeste, el perro celeste…” Los personajes ironizan (a modo de charla que puede ser la de unos amigos en la barra de un bar) en torno a premisas arraigadas y arrastradas de una década que no permite avanzar. Sus fuerzas chocan entre el querer conservarlas y el intentar desecharlas. Sobre la escena aparecen los mil modos de representarla en un juego constante con la memoria: desde una canción popular a un rol social (la historia del blandengue, la del gaucho) La sensación desde el discurso es que en esa identidad sólo quedan las formas, mientras el pasado se evapora: ”Uruguayos campeones de América y del mundo…”, suena y se repite a coro hasta agotarse. Según afirma Barthes en su análisis: “Por más paradójico que pueda parecer, el mito no oculta nada: su función es la de deformar , no la de hacer desaparecer.”(1) Así la permanente invocación a la memoria, con su letargo y su visión fragmentada ironiza e intenta reconstruir las bases del mito: su transmisión oral a la vez que muta, deforma. Así como la historia shakespereana, el Uruguay del ’50 con el paso del tiempo toma un tinte utópico. La primera una historia de amor contada de boca en boca, que excede a su autor y se ubica en un status idealizado. La segunda una identidad totalizadora que todo lo agobia, resumida en el color celeste como el tópico ideal. Desde el humor se teje un doble juego entre el acercamiento y la distancia creativa, que descubre y a la vez cuestiona esos mitos. Esas antiguas historias en su carácter mitológico pueden adquirir cierto vuelco sagrado e intocable y, paradójicamente, también ser consideradas falsas y poco creíbles. El paralelismo que se establece entre ambas no parece tan desacertado: una historia de amor ideal con final trágico que dialoga con una parte de la historia de un Uruguay... ¿qué fue?


(1) Barthes, Roland. (2003). Mitologías. Argentina:Siglo XXI Editores. Pág.213.



Ana Laura Barrios.

Fuente: Blog Entre Tablas,

sábado, 9 de mayo de 2009

Verona celeste. Por Javier Alfonso (Semanario Búsqueda)

Marianella Morena siempre se las ingenia para sorprender seducir y conquistar a unos cuantos y escandalizar a otros tantos. Como Mariana Percovich con “Bodas de sangre”, el año pasado, Las julietas, su reciente estreno, divide las plateas entre quienes la aman y aplauden de pie, y quienes la odian y se van de la sala refunfuñando la bronca acumulada. “Esto no es Lorca”, aseguraban el año pasado. “¿Qué tiene que ver Shakespeare con esta payasada?, se preguntan hoy. Por lo general quienes disfrutan, celebran, recomiendan y hasta vuelven a verla otra vez, son jóvenes. Es más, en buena parte, el creciente retorno de la juventud a las salas teatrales montevideanas, se debe a este tipo de propuestas, que presentan textos magistrales leídos con lucidez sobre las tablas, acompasados a los tiempos y formas de hoy. Como es de esperar, el rechazo proviene generalmente de la porción más tradicional y conservadora del público teatral montevideano, reticente a estas relecturas o adaptaciones contemporáneas de grandes clásicos. Sin embargo, se suele olvidar que justamente la principal virtud que convierte a una obra en un clásico es su capacidad de dialogar con el presente. Las julietas, estrenada el 15 de abril en La Candela, encaja a la perfección en la obra de Morena, que mantiene una coherencia estética singular en la escena local. Como es habitual, Morena elige una temática conocida y la reinterpreta, la pone a dialogar con su tiempo. Ya lo hizo con el mito de Don Juan en “Don Juan, el lugar del beso”, con Florencio Sánchez en “Los últimos Sánchez”, con “El furgón de los locos”, de Carlos Liscano, en “Resiliencia”, obra que permitió a Álvaro Armand Ugún hacer el mejor papel de su carrera. Ahora es el turno de Shakespeare, que inspiró a Morena con “Romeo y Julieta”, mezclado aquí con el Uruguay del siglo XX. En la década de 1950 un grupo de jóvenes actores aficionados, conocidos como “Las julietas”, recorre el Interior del país con una representación criolla de “Romeo y Julieta”. Hoy sus hijos, nietos y sobrinos descubren la historia y la cuentan, al tiempo que demuestran, en la práctica, algunas de las formas de representación cercana al varieté que dominaban la escena popular en esos tiempos, asociada a la tradición carnavalera de murgas, comparsas y viejas troupes. Lo cierto es que Alejandro Gayvoronsky, Santiago Sanguinetti, Claudio Quijano y Leonardo Pintos se despachan con un desparpajo inusitado y sacan adelante una de las comedias más graciosas de los últimos tiempos. Los cuatro exhiben una química perfecta para el humor verbal, gestual y corporal en todas sus diferentes escalas. Los cuatro logran, sin más recursos que sus propios cuerpos —más alguna escasa ayudita técnica—, que la platea ingrese en esa zona misteriosa donde hasta el chiste más pavo, o la mueca más pequeña, detonan una nueva carcajada. Los cuatro surfean como verdaderos expertos ese mar que los lleva en un segundo de la calma al frenesí de estar en medio de una ola de palabras, piernas, brazos y caras entreveradas. Los cuatro revelan detrás suyo una dirección ejemplar, que deja espacio a la creación espontánea del intérprete, lo cual, en este caso, se agradece sobremanera.“Romeo y Julieta” entra y sale de este nuevo fresco sobre la identidad uruguaya, lleno de dichos y frases comunes, pero que el paso del tiempo no alcanza a debilitar. Por momentos ellos son Montescos y Capulettos celestes entreverados en pasiones criollas relacionadas con la virilidad, la sangre europea que aún corre por esas venas, el amor a la patria y a sus tradiciones, con el color celeste —estampado hasta en los calzoncillos del cuarteto— como su síntesis paradigmática. Todo ilustrado con tangos, malambos, milongas, canzonettas y hasta con los célebres versos de “Los Orientales”, escritos por Idea Vilariño y entonados por Los Olimareños. Nadie mejor que Morena puede explicar este concepto: “Hacer teatro es perderle el miedo al tiempo, entrar en el presente y dialogar con él. Mi intención es dialogar con los clásicos. Universales y nacionales. Dialogar quiere decir: escuchar lo que dicen y responderle desde este Uruguay en este momento. El teatro es presente: la función. Es el pulso más cercano al presente. Nos interesa decir quiénes somos, pero nos interesan mucho los que perduran en el tiempo con la palabra dramática. ¿Cómo dialogar? ¿Cómo negociar? ¿Cómo amar sin invadir ni colonizar ni perturbar ni maltratar ni ofender ni violar?”, se pregunta. “Dialogando”, se responde. “El hoy es diálogo. El presente histórico y político habla de diálogo, de negociación, de conciliación, de no confrontación, de encontrar los mecanismos de entendimiento. Esa es nuestra intención con Romeo y Julieta. Y lo hicimos”. Los miércoles y jueves en La Candela, el espectador podrá poner a prueba esta afirmación. Aplaudirá o se irá con cara larga. Pero seguro que en las horas siguientes no pensará en otra cosa.

Javier Alfonso.

Fuente: Semanario Búsqueda.

sábado, 25 de abril de 2009

Shakespeare y Maracaná. Por María Esther Burgueño (Caras y Caretas)

Marianella Morena es una creadora original en el contexto del teatro uruguayo. Sus interrelaciones entre diversos textos han dado lugar a espectáculos tales como “Don Juan, el lugar del beso”, uno de los más hermosos que hemos visto en la escena montevideana. Sabedores de este gusto por el diálogo nos intrigaba realmente esta puesta de Las Julietas en la que Shakespeare dialogaría con cuatro actores de los años 50 en el Uruguay y con el hoy. El espectador encuentra un escenario con cuatro sillas, una mesita con vasos y dos atriles. De las sillas penden las ropas que los actores, que entran con calzoncillo celeste, bajo una luz azul, se irán poniendo. La ubicación de los personajes es invariable en el orden en que se sientan y permite establecer alianzas, miradas cómplices, exclusiones. Luego de una especie de popurrí de gestos y palabras que se resignificarán en el decurso de la obra, paulatinamente, y con el subir de la luz, empieza a instalarse una anécdota contada en forma parcial, desordenada y que alterna lo coral con lo individual. Hay un marco ficcional que está señalado por la pregunta de uno de los actores “¿Qué hacemos acá?” y la respuesta de otro: “¿Y ellos?”, señalando al público, estableciendo un acá y un allá del cual están ausentes, ni más ni menos que Las Julietas. Como espectador uno duda sobre si debe o no revelar algunas de las claves que empiezan a cerrar la obra, pero al menos digamos que los años 50, evocados en muchos de los aspectos físicos de los personajes, y a través de alguna música producida en vivo o reproducida en “off” . Los primeros datos de Las Julietas las ubican naciendo en los años 50, como una compañía de varietés que representaban el drama de Shakespeare, hasta que las mujeres se mandaron mudar. Está anécdota así dicha, está sugerida por fragmentos del texto: “Ay de mí estoy tan lleno de pecado”.
A partir de este momento que genera el gran tema de la “uruguayez “ de la obra: la nostalgia por los 50 y el maracanazo, la pieza comienza a alternar las reflexiones comunes sobre qué tiempos aquellos, y una especie de despegue de solistas que desarrollan partes de su propia historia con un humor y un histrionismo espectacular. El “cittadino italiano” de Quijano, que disputa su origen con “Sanguinetti” colma la escena de canciones italianas y de pasta “amasada por la mamma”, mientras entona “O sole mio” o reproduce con su celular el himno italiano. Pero más allá del origen está el orgullo de la orientalidad que los une en una euforia alucinante en la que la repetición de “Uruguayos campeones” se transforma en un frenesí de humor.

Significativamente, al acabar este pandemonio las luces bajan, los actores retoman sus posturas originales y avisan: Está desordenado el principio y el fin, porque si vas muy rápido el principio está al final”. La pista estructural remite a aquellas épocas del circo criollo en el cual, los actores con peines y hojillas producen un desopilante pericón cuyas relaciones son, invariablemente, textos de Romeo y Julieta, e incluso de los más conocidos. ¿Si yo profano con mi mano indigna…Injusto con tu mano peregrino eres…

Siempre en la línea del metalenguaje un personaje dice: Ah mira, ya entendí. Y se lanzan a reflexionar sobre la naturaleza de las Julietas que se atrevieron a tomar cosas que no son propias de las mujeres, que se quedan en su casa, toda celeste como la patria, hasta con perro celeste. El personaje de Sanguinetti desea entonces expresar su condición de macho oriental, capaz de entender a las mujeres perfectamente, definido como el Only Lonely, quien en medio de sus anécdotas absurdas cuenta haber sido testigo del encuentro en el balcón de Romeo y Julieta que aparece registrado en un grabador de bolsillo en el cual Julieta dice sus parlamentos y él le contesta cual si fuera Romeo (¿No es esa la alondra..diré que aquella luz no es el amanecer” . Vueltos al presente los actores deciden que hay que “Cortar un poco” y se preguntan si ella iría a su casa, al baile, a la iglesia…La discusión se transforma en la pelea entre Mercuccio y Thibaldo, lo cual hace más vertiginosa la proximidad de los tiempos. El duelo se dirime a través de una graciosa ejecución y danza del tango Se dice de mí.

Nuevamente apaciguados los ánimos, la reyerta se centra en la definición de qué cosa le faltaba a Las Julietas. El acuerdo se logra a través de la expresión “Color profesional”. ¿Porqué no el celeste” Y allí arrancan con Los orientales, el poema cantado de Idea Vilariño.

Otro aspecto de la tradición “orientala” es la del soldado de Artigas, el Blandengue, que nos cuenta su historia y que tiene su momento de solista ya que, aunque inmóvil, es elegido como el ideal para hacer de Romeo. Esta alternancia de solos y coros está pautada por el estribillo de exaltación a la década de los 50, a la patria homenajeada en un malambo, en el uso de pequeños instrumentos musicales o elementos que funcionan como ellos y por la posposición del personaje de Alejandro Gayvoronski que espera su momento para demostrar que es “bruto actor”, pero sistemáticamente se lo ignora. Sin embargo finalmente logra su momento heroico, y le toca nada menos que el desenlace: “En la paz enlutada de este día…”

Este juego divertido, inteligente y sostenido por “brutos actores”, muchos de los cuales eran conocidos por nosotros y otros menos recordados como Quijano, en un excelente trabajo, no es solo un divertimento. Es un cruce. Todos los uruguayos sabemos , quizás más para mal que para bien, lo que fue el maracanazo y la época de las vacas gordas. Estamos perseguidos y marcados por el mito del éxito heroico y la abundancia. Cualquiera tiene idea de cuál es el argumento central de Romeo y Julieta aun sin haber leído o visto la pieza. Las historias circulan, se cruzan, se unen las unas a las otras de manera de constituir tradición antes que verdad. Lo “celeste” (hasta el perro) es una manera de ver el mundo y repetir nuestros mitos con sus carencias y sus gestas. El cruce de mitos, la sobriedad de recursos, el uso finísimo del humor reflexivo y una impecable dirección de actores que se “sacan chispas” unos a otros es la explicación de porqué Las Julietas ha sido un soplo refrescante en nuestra cartelera.
Fuente: Revista Caras y Caretas